San Pablo Extramuros es una abadía benedictina y su historia se funde con la homónima Basílica, la cual tuvo origen y compartió los acontecimientos alegres y tristes a través de los siglos y de las vicisitudes humanas.
El primer testimonio de comunidades monásticas en la Basílica de san Paolo se tiene desde el Praeceptum marmóreo de San Gregorio Magno (590- 604 ), que se conserva en el museo lapidario paulino.
Aquí viene recordado un monasterio femenino, mientras del monasterio masculino de San Cesáreo mártir la primer memoria la da el Liber diurnus, en el cual se dice que el monasterio quedó en ruina.
El Santo Pontífice Gregorio II (715-731) dispuso que fuese unido al de San Esteban y restaurado, dando encargo a los monjes de mantener las lámparas en el oratorio del protomártir y de administrar los bienes. Con esto el Papa puede considerarse el verdadero fundador del monasterio paulino.
Más tarde los monjes de San Cesáreo adquirieron mayores derechos y mayores bienes, tanto que ellos representaban legalmente la Patriarcal Basílica delante del Papa. En esta época el monasterio acogió un huésped ilustre en la persona del Papa Paolo I (756-767) que, cansado por la avanzada edad y todavía más por la áspera hostilidad del archidiácono Teofilato, que murió aquí.
Cuando más tarde los sarracenos se retiraron de Roma después de una primera invasión que había perturbado la vida de los monjes, la amenaza de ellos de nuevas irrupciones permanecía siempre.
Preocupados de esto, los Papas pensaron de proveer con válidas fortalezas las Basílicas de San Pedro y San Pablo.
El primero fue León IV (855 - 872), que mandó construir bastiones defensivos alrededor del Vaticano los cuales fueron llamados Ciudad Leonina.
Un poco más tarde el ejemplo de León IV fue imitado por la Basílica de San Pablo del Papa Juan VIII (872 - 882), el cual rodeó la basílica y el monasterio de muros y torres, verdadero lugar fortificado con Iglesia, molino, muelle sobre el Tíber y habitaciones, nominado Giovanni poli de los cuales actualmente sobreviven algunos.
Si Roma estaba en continuo peligro de tener incursiones sarracenas, en recompensa recibía el regalo de los monarcas ingleses que un siglo antes, se habían convertido por medio de los monjes benedictinos a la fe católica. Venían a venerar las tumbas de los Santos Apóstoles Pedro y Pablo, ofreciendo ricos dones a las basílicas.
Tal vez se deba a esta relación religiosa si, en el tardo medioevo, los soberanos de Inglaterra ejercitaron la función de protectores en la de San Pablo.
De hecho las antiguas armas de los abades de San Pablo, eran representados en el escudo de la espada una correa de cuero con el lema :<<Honi soit qui mal y pense>>(sea maldito quien piensa mal) que fue instituido en el castillo de Windsor el 1344 ó 1347.Todavía la disciplina interna de la vida monástica poco a poco decayó y a levantarla fue llamado a Roma el abad de la célebre abadía de Cluny (Borgogna), San Odón (942) que en el 936 viene a Roma para iniciar la reforma monástica no solo en San Pablo sino también en los otros monasterios de la ciudad.
Prácticamente es desde este tiempo que desapareció la denominación de abbas et rector S. Stephani et S. Caesarii a Sanctum Paulum y queda aquella más simple y definitiva de abbas et rector Sancti Pauli.Después de la reforma se sucedieron en San Pablo dignos abades hasta que San Odilón de Cluny, invitado por el mismo emperador Otón III, organizó con severidad sea la disciplina monástica que las celebraciones litúrgicas, justo como en su abadía borgognona.
En este tiempo muchos romanos vinieron a la abadía ostiense para endosar el hábito monástico. Entre estos recordamos al papa Juan XVIII (1003-1009), del que se tiene solamente esta noticia:Post annos V et dimidium in sancto Paulo monachus discessit. Cuando murió, una modesta lápide marmórea encierra su sepulcro monástico, sobre el cual fue esculpido solamente el nombre del difunto: DOMS nIOHS XVIII n PAPA, título agregado en la época posterior.
En el siglo XI entre el papa y el emperador a causa de las investiduras eclesiásticas nacieron graves dificultades que turbaron las pacíficas relaciones entre las dos máximas autoridades del mundo cristiano. La delicada situación en la cual viene a encontrarse la Santa Sede tuvo una grande repercusión sobre la observancia regular del cenobio paulino y sobre la administración de su vasto patrimonio. El monasterio y la Basílica se vieron poco a poco en pleno abandono y en la más vil decadencia.
León IX (1049-1054), una vez que llegó a Roma, vino a conocer el estado en ruinas en la cual se encontraban el cenobio y la basílica paulina. Rápidamente quiso proveer confiando el cuidado al monje Hildebrando, que será más tarde Gregorio VII nombrándolo provisor apostolicus de la abadía. Después de haber devuelto el decoro al sagrado templo, dio lo necesario para vivir a la pobre comunidad monástica, y la hizo rápidamente aumentar de número y regresar a la regular observancia.
Elegido después Papa con el nombre de Gregorio VII (1073- 1085) continuó a interesarse de su abadía. De el todavía queda: la bula de confirmación del vasto patrimonio feudal que emanó en el 1081; La Biblia carolingia muy preciosa y rica de miniaturas; la puerta de bronce trabajada con figuras esculpidas con plata y esmalte en Bisancio en el 1070 y que ahora está puesta, después de una acuradosa restauración al interno de la Puerta Santa de la basílica.
En los siglos XII y XIII el monasterio ostiense llega a un notable florecimiento espiritual. En este periodo fueron llamados los más grandes artistas. Entre estos vienen nombrados Pietro Vassalletto, autor del sugestivo claustro románico cosmatesco y del típico candelabro pascual; los mosaicos venecianos traídos para hacer la grandiosa y sugestiva obra del ábside; los artistas toscanos Pietro Cavallini, que decoro la fachada de la basílica con apreciados frescos todas las paredes, y Arnulfo de Cambio artífice del artístico y magnífico baldaquín gótico levantado sobre el glorioso sepulcro del Apóstol.
Pero después vinieron los tristes tiempos de la cautividad avignonese, durante la cual el abad de San Pablo fue considerado como el prelado más importante y presente en Roma, a los cuales venían muy seguido encargados por los papas de Avignone estas misiones. En este tiempo florecieron también insignes figuras de monjes, como el B. Giovanni Elemosinario, todo caridad hacia los pobres y muerto en el 1330 en Todi donde fue enviado como vicario por el abad de San Pablo.
Inevitablemente sigue un periodo de decadencia en la vida monástica, en el cual el papa Martino V (1417-1431) encargó, con feliz idea, el gobierno de la abadía al cardenal Gabriele Condulmer (después papa Eugenio IV, 1431-1437). La elección no podía ser más adapta y propicia, en canto Condulmer pertenecía a aquel grupo elegido por la reforma de la Iglesia iniciando por los ordenes monásticos.
Por eso mando traer a su amigo y ex superior de San Jorge en Alga a Venecia, Ludovico Barbo, el cual poco antes, había iniciado en el monasterio de Santa Justina de Padua una congregación de monjes para volver a empezar en los monasterios benedictinos la vida de clausura regular que la encomienda había acabado de arruinar.
Los monasterios benedictinos reformados por Barbo fueron reunidos en una congregación dicha De Unitate o de Santa Justina de Padua, y finalmente, en el 1504, cuando también Montecassino entro a formar parte de esta reforma, fue llamada congregación casinese. La renovación monástica introducida por Barbo, levantó la fuerza de la vida disciplinar, espiritual y administrativa de los monasterios.
Nuevamente fue tomada entre los monjes la pasión del estudio sagrado y profano, y el cenobio paulino se convirtió en luz de santidad y de cultura. En efecto los superiores de la congregación casinese eligieron el monasterio de San Pablo como sede de un gymnasium filosófico y teológico aprobado por el B. Inocencio XI (1676-1687).
El Chiaramonti, monje profeso del monasterio de Santa María de Cesena, bajo el pontificado de Pío VI (1775-1799) recibió la ordenación de Obispo y después de Cardenal, y fue elegido papa en el conclave realizado en el monasterio de San Jorge Mayor de Venecia con el nombre de Pío VII (1800-1823). El siglo XIX ha dejado para la basílica ostiense un triste recuerdo. La noche del 15 y 16 de julio 1823 un fuerte incendio la redujo a un montón de ruinas.
La reconstrucción de la basílica se prolongó por un entero siglo, que concluyó con la obra de la monumental puerta central de bronce en 1931. Fue consagrada por Pío IX (1846- 1876) el 10 de diciembre de 1854 con la participación de numerosos cardenales y obispos venidos a Roma para la definición del dogma de la Inmaculada Concepción.
Con la suspensión de los órdenes religiosos del 1866 y después por Roma, del 1870, todos los bienes fueron confiscados por el gobierno italiano y por esto mismo el monasterio de san Pablo se encontró en condiciones precarias, tanto que los monjes podían quedarse en su casa, solo para cuidar la basílica que en ese tiempo estaba en construcción. Ellos no abandonaron jamás el oficio junto al del Glorioso sepulcro del Apóstol de las gentes.
El vigor pleno de la vida monástica y económica de la abadía ostiense inició al final del siglo XIX y siguió en el siglo XX. El desarrollo del nuevo nacimiento religioso fue tan rápido y vigoroso que la abadía de san Pablo se sintió con fuerzas espirituales suficientes para ayudar válidamente varios organismos monásticos en retomar la vida benedictina. En Alemania (con los hermanos Wolter), en Portugal (con el Padre Francisco Villaca Ferreira), en Brasil (con el Padre Franco Amorin) y, podemos agregar también en un cierto sentido en Francia ya que el restablecedor de la vida benedictina en aquella nación, D. Prospero Gueranger, hizo su profesión en S. Pablo el 26 de Julio 1837 (la ceremonia, se desenvolvió en la sacristía porque la basílica aun estaba bajo reconstrución): era todo un fervor de vida monastica auténticamente benedictina. En Italia reprendió las dos célebres abadías de Farfa y de Pontida.
La represa vigorosa de la vida claustral se debe a algunas grandes figuras de monjes de esa época: los abades D. Leopoldo Zelli, D. Bonifacio Oslaender, B. Ildefonso Schuster (después cardenal de Milán) y el monje B. Plácido Riccardi. También el fundador de Nueva Nursia (Australia), Mons. Rosendo Salvado, era de casa en S. Pablo donde falleció el 29 Diciembre 1900.
En fin desde tiempo inmemorable la abadía de S. Pablo ejercitaba la jurisdicción diocesana en tres localidades del territorio romano: Capena, Nazzano y Civitella S. Paolo. Hoy día con la nueva ordenación de los territorios diocesanos y relativas jurisdicciones, el abad de S. Pablo tiene bajo la cura pastoral con potestad ordinaria (como la de los obispos diocesanos y por esto miembro de la CEI) de la zona extraterritorial de la patriarcal basílica de S. Pablo según el decreto Vetustissimam Abbatiam de Juan Pablo II del 11 de Julio 1981.
La historia del Monasterio fue extraída del volumen: Itinerario Paulino Los monjes benedictinos en S. Pablo Extramuros de Roma.